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Cuenta la tradición que, en una tarde suave y tibia, el Cacique Nemequene se quedó dormido bajo la sombra de un árbol. Mientras descansaba, tuvo un sueño inquietante lleno de sucesos extraños y perturbadores: “vienen del norte dioses o seres blancos de largas barbas, avasallantes e impetuosos, destructores que atraviesan ríos desconocidos y montañas descomunales.” Al despertar, profundamente asustado por la visión, el cacique reunió a su pueblo y les relató el inquietante sueño. Ante el presagio, ordenó reunir y proteger las riquezas de su pueblo: oro, esmeraldas y otros tesoros, para ocultarlos en lugares seguros. Este acto dio origen, en parte, a la legendaria historia de El Dorado.

Así, impulsado por aquella visión, el pueblo muisca escondió sus magníficos tesoros en lugares que aún hoy permanecen como un misterio. Tiempo después, llegaron hombres extranjeros en busca de esas riquezas, haciendo realidad el sueño del Cacique Nemequene. Desde entonces, aquel tronco es conocido como el “Árbol de los Sueños”, un símbolo de memoria y tradición para la cultura muisca.Así, impulsado por aquella visión, el pueblo muisca escondió sus magníficos tesoros en lugares que aún hoy permanecen como un misterio. Tiempo después, llegaron hombres extranjeros en busca de esas riquezas, haciendo realidad el sueño del Cacique Nemequene. Desde entonces, aquel tronco es conocido como el “Árbol de los Sueños”, un símbolo de memoria y tradición para la cultura muisca.

Además de su significado cultural e histórico, el lugar también funciona como un mirador natural, desde donde se puede apreciar una hermosa vista panorámica del pueblo de Nemocón y del paisaje del altiplano cundiboyacense. Dentro de la Ruta Leyenda El Dorado, el Árbol de los Sueños representa una de las narraciones más emblemáticas de la tradición y cosmovisión del pueblo muisca.



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