WhatsApp
facebook instagram

En el colegio nos enseñaron el Florero de Llorente. Lo que casi nadie enseña es que 29 años antes, la gente ya se había levantado por algo mucho más básico que un florero: la sal.

Y esa historia empieza, literalmente, bajo tus pies, en Nemocón.

La primera rebelión no fue en 1810

Fue en 1781. Se llamó la Revolución de los Comuneros y estalló porque la Corona española había convertido la sal, el tabaco y el aguardiente en monopolio: el famoso estanco. Pagar más por algo tan esencial como la sal fue una de las gotas que rebasó el vaso.

Dato curioso: la palabra salario viene de sal. Antes de los billetes, este mineral se pagaba, se guardaba y se disputaba como hoy se disputa el oro. Los muiscas ya lo sabían siglos antes de que llegara cualquier corona a reclamarlo.

La sal que financió la libertad

Cuando por fin llegó la Independencia, las minas de la Sabana —Nemocón entre ellas— pasaron a manos de la naciente república. Y se convirtieron en una de sus rentas más importantes. Sin exagerar: la sal ayudó a pagar la libertad que hoy celebramos cada 20 de julio.

Patrimonio que también es patria

Cada túnel que hoy se recorre en Nemocón tiene 250 millones de años de geología... y 200 de historia patria que no sale en los libros. Bajar a la mina este julio es caminar, literalmente, sobre una de las raíces económicas de la independencia.

¿Nos acompañas a celebrar distinto?

Este 20 de julio, cambia el desfile por un descenso: ven a la Mina de Sal de Nemocón y descubre de dónde viene, de verdad, la independencia que celebramos.